|
La Cumbre aprueba un documento no vinculante y ridículo  "La ciudad de Copenhague es hoy el lugar del crimen climático, con los culpables huyendo avergonzados al aeropuerto", aseguró Greenpeace, en referencia los líderes que abandonaron la capital danesa antes de que el magro acuerdo fuera aprobado en el plenario. "El acuerdo es un triunfo de la propaganda por encima de la sustancia.
Reconoce la necesidad de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados, pero no compromete la manera de hacerlo", criticó el director ejecutivo de Oxfam Internacional, Jeremy Hobbs. Finalmente, este sábado en la mañana, el plenario aprobó un documento calificado como ridículo por las organizaciones ecologistas, y sin consenso, que recoge la oposición de Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Sudán. El acuerdo, no vinculante, es más que nada una declaración de principios y muy lejos de las propuestas iniciales. La Cumbre del Cambio Climático de Copenhague, presentada en los últimos dos años casi como “la última oportunidad” de salvar al planeta, ha sido un fracaso rotundo y lo que es más grave, representó un cambio de mecanismo y participación aceptados anteriormente. Las organizaciones civiles, ecologistas, sindicatos, que siempre fueron un motor de estas reuniones, y voceros de las mayorías silenciosas, fueron prácticamente expulsadas de la reunión en los últimos días. Y si protestan en las calles eran reprimidas por la policía danesa que cada día superaba su récord de detenciones. Pero, si las ONG fueron ignoradas en la etapa clave de la reunión, no menos lo fueron más de 90 países representados en la Cumbre. El último día, un grupo de cinco países acordó un documento en una reunión por fuera del plenario, e intentó que el mismo lo aprobara como resolución de la Cumbre, dando apenas el plazo de una hora para leerlo, y sin habilitar la discusión del mismo. Algunos países, tentados con la promesa de ayuda económica, acordaron votar el documento para no evidenciar el fracaso de la reunión, pero otros, representando concientes o inconcientemente a la sociedad civil dejada fuera de la Cumbre, se negó a respaldar el procedimiento casi dictatorial y el documento inútil. Enseguida se convirtieron en los villanos de la reunión. Un documento fallido Los miles de científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU habían insistido en los últimos meses en que si no se reducen entre un 25% y un 40% las emisiones globales de CO2 en 2020 la temperatura aumentará más de dos grados de media, provocando sequías, huracanes y millones de desplazados en los países en desarrollo. Sin embargo, los líderes de los principales países emisores han sido incapaces de lograr un pacto con medidas suficientes para evitar la catástrofe climática. El documento que no ha sido aprobado por todos los países –Los representantes de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América se negaron a votar un documento elaborado fuera de la Cumbre y sin discusión- no es vinculante, no contiene cifras de recorte de emisiones de CO2, ni la creación de un sistema de control internacional para verificar las emisiones de los países emergentes. Apenas promete 30.000 millones de dólares para pagar la adaptación al cambio climático de los países pobres entre 2010 y 2012, y anuncia un fondo de 100.000 millones para el 2020 - esa cifra equivale apenas a la sexta parte del presupuesto militar de Estados Unidos-, pero sin decir de donde saldrá la financiación. Además sólo plantea como objetivo evitar una subida de más de dos grados en la temperatura del planeta para evitar "una interferencia peligrosa" con el clima. Pero sólo dice que las emisiones deberán tocar techo "lo antes posible" -al principio de la cumbre el objetivo era fijarlo en 2020- y no fija objetivos para 2050. Para lograr un documento más lavado, habría que echarle agua. El representante de Tuvulu, Ian Fry, una de las naciones más interesadas en lograr resultados en esta Cumbre, tuvo que señalar: "Señor presidente, siento decirle que Tuvalu no acepta este documento". Tuvulu junto a Maldivia han sido los países emblema de esta cumbre, ya que estas islas de la Polinesia apenas emergen 5 y 2 metros sobre el nivel del mar, y según los pronósticos de los científicos de la ONU, podrían desaparecer en 2050 si no se frena el calentamiento global. A juzgar por los resultados tendrán que seguir con sus planes de comprar un territorio en Australia u otro país con grandes superficies, para mudar a toda la población. EE.UU no se compromete a nada Durante casi 15 días la reunión no logró avanzar en ningún sentido. La delegación norteamericana no aceptaba ningún documento que estableciera metas de reducción de sustancias contaminantes, ni mecanismos que hiciera obligatorio el acuerdo. Lo más que Estados Unidos aceptaba era la meta de reducción del 6 por ciento para el 2020, y en base a los niveles de 1990, cuando los científicos reclaman una reducción de entre el 25 y el 40 por ciento. Esa propuesta del 6 por ciento fue presentada por el presidente Barack Obama a su Congreso y ni siquiera ha sido discutida aún. Precisamente ese ha sido su argumento para no aceptar otros cupos de reducción. Los voceros norteamericanos han dicho que no querían pasar por la misma situación de la Cumbre del Kyoto, cuando el presidente Bill Clinton firmó el acuerdo y después el Congreso de su país no lo ratificó. Eludiendo la responsabilidad de ser el país más contaminante del mundo per cápita, Estados Unidos intentó trasladar la responsabilidad a la República Popular China, considerado el país más contaminante en volumen de emisiones –tiene 5 veces más población que EE.UU- y considerado por la ONU como país emergente. La delegación norteamericana pretendía que las promesas de reducción de emisiones propuestas por China, fueran controladas por organismos internacionales, a lo que los chinos se oponían al considerar una intromisión en sus asuntos internos. De hecho, ningún otro país del mundo es controlado por organismos supranacionales o extranjeros. El delegado boliviano cuestionó el mecanismo empleado de redactar un documento entre un puñado de países y después someterlo a votación sin discusión. "Estamos acá tomándonos el derecho de decidir la vida de esos millones de personas (...) No nos parece respetuoso. No nos parece el espíritu de un mundo que debe discutir hoy el futuro de la humanidad. No podemos tener una hora de discusión para apoyar un acuerdo que no compartimos por la forma antidemocrática en que se está poniendo y planteamos a los pueblos del mundo que se juzgue este acuerdo, un documento que no expresa los casi dos años de discusión y el esfuerzo de quienes hemos trabajo acá (...) No vamos a decidir la vida de millones de personas en una hora", expresó el representante boliviano. "Van a aprobar un golpe de Estado contra Naciones Unidas", dijo a su turno la portavoz de Venezuela, Claudia Salerno.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
|